MIS RECUERDOS BUENOS DEL ECUADOR
Carta de un amigo lejano.

Junio 16.1997

Jaime Redín


Hoy recibí una carta de un amigo lejano. Lejano en la distancia, y lejano en el tiempo.

La distancia que nos separa puede franquearse con un vuelo sobre los mares azules cubiertos de algodón blanco que separan la tierra de mi destino y la tierra de mis recuerdos.

La carta, cuidadosamente escrita con una pluma fuente de tinta negra, fue depositada en un buzón del correo central ubicado en la esquina de las calles Chile y Benalcazar, en ese corazón de Quito que fue el testigo de mis años jovenes.

Pero no es sólo la distancia la que nos separa, también es el tiempo. Mi lejano amigo depositó su carta el 30 de Junio de 1966. Hacen ya 31 años.

No fue una carta extraviada, la recibí pocos días después, la leí furtivamente y la archivé cuidadosamente en mi carpeta de cartas, notas y recuerdos. Años después, la carpeta fue a parar en el fondo de una caja de cartón repleta de papeles olvidados.

Para mí los años han pasado dejando rastros en notas, cuadernos y papeles apiñados desordenadamente en cajas refundidas en el rincón de un cuarto repleto de recuerdos.

Hace unos días crucé los mares azules cubiertos de algodones para visitar mi patria, mi ciudad, mi gente y mis recuerdos. Y me atreví a hurgar mis cajas de recuerdos y recibí, una vez mas, la carta olvidada.

No la estaba buscando, pero allí estaba, agazapada en el fondo obscuro de una caja, esperando mas de media vida que yo acudiese a esa cita que no estaba prevista.

Con una extraña emoción la leí una y otra vez tratando de comprender a mi lejano amigo. Sus párrafos cuidadosamente escritos con los rasgos de una pluma fuente y su tinta negra decían:

"Estimado Desconocido,

"No tengo la menor idea de cómo te sentiras este momento. Quizá te extrañe recibir estas líneas de alguien quien, durante veintitres años ha sido tu peor enemigo. Tu ya lo haz visto, esto nos ha conducido a situaciones duras y difíciles. Es hora de tomar una actitud distinta. Tengamos más fe y más confianza en nosotros mismos. Esta vida puede guardar momentos dificiles, pero debemos aprender a superarlos y sonreir a pesar de los problemas.

"Este rato, no se porque, me encuentro lleno de una extraña y rara alegría, y quisiera que al recibo de estas líneas te encuentres infundido de esa misma alegría y... si no es así, y estás atravesando momentos duros, inténtalo de nuevo pues te aseguro que vale la pena.

"Sigues siendo para mí ese gran desconocido, y espero que con los años desapareceran estas barreras y seamos una sola persona con una sola personalidad, positiva, recta y constante. Luchemos por eso Jaime!

"Sinceramente,

Jaime Redín."

Mi amigo de mis años jovenes, mi otro yo, me estaba esperando. Me acerque a un espejo y le miré a los ojos. Su cabello estaba cano y las arrugas empezaban a dibujarse en su rostro. El tiempo no espera, y los años no pasan en vano. En realidad, tienen el poder de hacernos más fuertes y seguros. Quize contarle de mis momentos duros y de mis alegrías... pero fue en vano, lo sabía todo... las barreras estaban finalmente rotas.


Artículo publicado en la Revista Cultural Tahuantinsuyo.  Editor: Milton Miño, Los Angeles.